Libro: Mar a Mar
25.00 €
Mar a mar no es un libro de viajes, no solo.
Tampoco es un libro de navegación o para navegantes, aunque sí, y mucho.
Si buscas inspiración sobre un modo de vida alternativo, encontrarás respuestas.
Jorge Penalba
Prólogo
Nuestro padre nos empujó a navegar de muy chicos.
Y lo hizo de manera imprudente. La primera travesía, de Vilanova i la Geltrú a Menorca, la hicimos a bordo de un velero muy pequeño, empujados por un viento de mil demonios y unas olas que nos escoraban peligrosamente.
¿Volcaremos? Preguntábamos insistentemente a mi padre mientras nos ataba a la bañera con unos pulpos elásticos. Él nos contaba que, si llegábamos a ese extremo, una burbuja de aire nos rodearía y podríamos seguir respirando hasta que el velero se diera la vuelta. Y Marc lo escuchaba serenamente, nada que ver con mi miedo atroz. Ya estaba aprendiendo. Y así con todo lo que hace siempre. La suya es una inteligencia innata que le ha permitido flotar en las peores adversidades, esté en tierra o en la mitad de los océanos. Marc tiene una mirada azul, como el mar y unas manos fuertes y curtidas, que se aferran al timón con fuerza y cordura. Siempre sabe lo que hay que hacer y genera confianza; como deben hacer los buenos capitanes. Ahora pienso, que de alguna forma él fue el capitán de nuestra infancia. Nunca nadie nos hizo caso a bordo y pasábamos horas buscando aletas de tiburones o delfines. Nos perdíamos por los puertos en los que atracábamos y sólo él lograba encontrar el camino de vuelta.
Por todo esto, el libro que tenéis entre manos es tan honesto como apasionante. Durante estos años, navegando junto a Judith, por distintos mares, les ha ocurrido de todo. Y entremedio de la aventura, un hijo, Aleix, que se convirtió en el mejor de los grumetes. Estas páginas, llenas de aventuras, que cruzan mares y habla de islas remotas, me han hecho admirar todavía más a mi hermano Marc. Reconozco que me sorprendió que estuviera decidido a relatar su peripecia. Pensé que se cansaría. Nunca le había gustado escribir. Me equivocaba. Me ha atrapado del todo y para siempre. No hago más que recordar como chillábamos de pequeños: ¡Tierra a la vista!
Anna Puigboltas Boix

